En un gimnasio, cuando los ejercicios llevan al límite a muchas personas que quiere sacar el máximo rendimiento, una emergencia puede ocurrir, pudiendo comenzar con una persona que deja caer las mancuernas, pierde el equilibrio junto a una máquina o se desploma durante una clase. El ruido, la música y la sorpresa pueden dificultar que alguien comprenda inmediatamente lo que ocurre. No obstante, los primeros auxilios básicos son fundamentales en esos primeros minutos. Por tanto, tener un desfibrilador accesible y un equipo humano preparado es la mejor forma de organizar la respuesta mientras llega la asistencia sanitaria. Lo decisivo es que pueda localizarse y utilizarse sin perder tiempo buscando llaves, responsables o instrucciones guardadas en otro lugar.

Un desplome puede tener causas diferentes, por lo que los testigos no deben intentar establecer un diagnóstico antes de pedir ayuda. La prioridad es comprobar la respuesta y la respiración, activar emergencias y actuar según la situación. Cuando existe una parada cardíaca, la reanimación y la desfibrilación tempranas pueden resultar determinantes. Sin embargo, disponer de un desfibrilador externo automático como el www.cardiopro-desfibrilador.es como el de CardioPro España, principal distribuidor de este tipo de equipos en el país con más de 2.000 clientes y técnicos en 8 ciudades, no resuelve por sí solo toda la intervención: alguien debe avisar, otra persona debe traerlo y otra facilitar el acceso de los sanitarios. Esa coordinación se prepara con formación práctica, responsabilidades claras y ensayos que reproduzcan las condiciones habituales de funcionamiento del gimnasio.

En este artículo, explicamos por qué conviene incorporar un desfibrilador al centro deportivo y cómo se reacciona ante el desplome de un usuario, abordando temas como el esfuerzo físico, los factores de riesgo y la diferencia entre infarto y parada cardíaca. Asimismo, desarrollamos la actuación básica en adultos, el funcionamiento del dispositivo y las precauciones necesarias. De esta manera, veremos en profundidad cómo actuar ante una emergencia real.

Parada cardíaca durante el esfuerzo: factores de riesgo y entrenamiento irregular

El ejercicio habitual aporta beneficios cardiovasculares, pero un esfuerzo muy intenso puede desencadenar un episodio agudo en personas susceptibles, especialmente cuando no están acostumbradas a esa exigencia. Esto no convierte el entrenamiento en una actividad que deba evitarse, pero, si que indica que la intensidad necesita adaptarse a la condición física, los antecedentes y la progresión de cada persona. Por tanto, retomar una rutina después de meses de inactividad intentando reproducir las cargas o ritmos anteriores puede suponer una demanda desproporcionada. El gimnasio debe favorecer una incorporación gradual y supervisada, con una comunicación clara sobre molestias, limitaciones y cambios recientes en la salud de sus usuarios.

Los hombres de mediana edad aparecen con frecuencia en el análisis de episodios cardíacos asociados al deporte, pero a partir de los 35 años se constituye una frontera exacta entre seguridad y peligro. Eso sí, la edad debe interpretarse junto con otros factores como enfermedad cardiovascular, tabaquismo, hipertensión, diabetes y demás antecedentes. Esto no quiere decir que las mujeres o los deportistas jóvenes están libres de riesgo, ni tampoco que una apariencia musculada, una buena marca deportiva o la ausencia de diagnósticos conocidos aseguran que no exista un problema cardíaco. Por eso, la preparación del establecimiento debe servir para atender a cualquier persona, sin limitar la vigilancia a un perfil físico determinado.

Infarto y parada cardíaca, las diferencias que conviene conocer

Un infarto de miocardio ocurre cuando una parte del músculo cardíaco deja de recibir suficiente sangre, habitualmente por una obstrucción en una arteria coronaria del corazón. Esa falta de riego puede lesionar el tejido, haciendo que la persona pueda permanecer consciente y el corazón continuar latiendo. La parada cardíaca, en cambio, implica que el corazón no mantiene una circulación eficaz. En este caso, la persona pierde la respuesta y no respira normalmente.

Aunque ambos procesos pueden relacionarse, describen situaciones distintas. Un infarto puede desencadenar una arritmia grave y provocar una parada cardíaca, pero no todos los infartos evolucionan de esa manera, de igual modo que tampoco todas las paradas se deben a un infarto. Para quien presencia el episodio de este tipo, la tarea consiste en identificar la urgencia y solicitar ayuda, sin intentar determinar su causa exacta. Si una persona consciente presenta molestias compatibles con un problema cardíaco, debe detener el ejercicio, permanecer en reposo y recibir asistencia, no debe continuar entrenando ni conducir por su cuenta para buscar atención.

¿Qué hacer ante un desplome? Reconocer, llamar al 112 e iniciar RCP con desfibrilador

En caso de que ocurra un desplome, los pasos a seguir son concretos. En primer lugar, hay que acercarse, detener las máquinas próximas y comprobar si la persona responde hablándole y tocándole suavemente los hombros. Si no responde, se debe pedir ayuda y llamar al 112 con el teléfono en altavoz. A continuación, se abre la vía aérea inclinando suavemente la cabeza y elevando el mentón; se comprueba durante un máximo de diez segundos si respira normalmente. Si no responde y no respira normalmente se inicia la RCP, no perdiendo tiempo buscando el pulso e indicando a alguien que traiga el desfibrilador, así como a otra persona que reciba a los sanitarios en la entrada.

La forma de realizar el proceso es con el adulto boca arriba sobre una superficie firme, colocando el talón de una mano en el centro del pecho, sobre la mitad inferior del esternón, y la otra encima. Se deben mantener los brazos rectos y comprimir entre 100 y 120 veces por minuto, hundiendo el pecho entre cinco y seis centímetros. Cuando llegue el equipo, se enciende y se siguen sus indicaciones. Si hay dos intervinientes, uno puede preparar los electrodos mientras el otro mantiene las compresiones, interrumpiéndolas cuando lo indique el aparato.

¿Cómo funciona el desfibrilador automático y qué precauciones requiere su uso?

En caso de disponer de un desfibrilador automático externo, el aparato analiza el ritmo cardíaco mediante electrodos adheridos al pecho y determina si corresponde administrar una descarga. El aparato ayuda a corregir determinados ritmos graves, aunque no todas las paradas presenten un ritmo desfibrilable. Por tanto, se deben colocar los parches, descubrir el pecho, secar rápidamente la humedad y seguir las indicaciones del equipo: habitualmente uno se sitúa en la parte superior derecha del tórax y otro en el costado izquierdo, debajo de la axila. La preparación debe hacerse con rapidez, preservando la intimidad en lo posible sin retrasar una intervención que resulta urgente.

¿Cuándo es obligatorio disponer de desfibrilador en una instalación deportiva?

La obligación de instalar un desfibrilador en un gimnasio debe comprobarse según cada comunidad autónoma y las características del establecimiento. En la mayoría de comunidades autónomas, la obligación de disponer de un desfibrilador en un centro deportivo se sitúa en una cifra de 300 a 500 usuarios al día. No obstante, se recomienda disponer de un desfibrilador aunque el aforo sea menor. Además, antes de contratar la instalación, el responsable necesita comprobar los requisitos vigentes sobre comunicación o registro, señalización, mantenimiento y capacitación del personal

¿Dónde colocarlo y cómo mantenerlo disponible durante todo el horario?

El desfibrilador debe situarse donde pueda encontrarse y recogerse rápidamente durante todo el horario de actividad. La entrada o recepción puede ser una buena ubicación si ofrece acceso inmediato a las zonas de entrenamiento, pero no siempre es el punto más conveniente. En centros con varias plantas, piscinas o salas alejadas, debe valorarse el recorrido real o disponer de varios desfibriladores. Dicho de otra manera, guardarlo en un despacho al que solo acceden determinadas personas es un error, ya que retrasa su utilización, que es precisamente lo que no se quiere. La ubicación necesita responder al funcionamiento del edificio, no simplemente al lugar donde resulte más fácil instalarlo.

Del mismo modo, la señalización debe permitir localizar el equipo incluso a quien entra por primera vez, por lo que conviene colocar indicaciones en los recorridos y explicar su emplazamiento al personal de recepción, limpieza y entrenamiento. El acceso al aparato no debe depender de encontrar a una persona concreta. Además, alguien debe revisar periódicamente el indicador de estado, la batería y la caducidad de los electrodos, siguiendo las instrucciones del fabricante.

Los simulacros permiten comprobar si esa organización funciona con música, usuarios y obstáculos habituales, pudiéndose ensayar un desplome en distintos puntos para medir cuánto se tarda en avisar, comenzar las maniobras y acercar el aparato. Después del ejercicio deben corregirse los problemas observados: señalización insuficiente o confusa, recorridos bloqueados o confusión entre responsables. En general, el mantenimiento del dispositivo y la preparación de las personas necesitan continuidad durante toda la actividad del establecimiento deportivo.